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Soy persona mayor y exijo la mayor protección a mis Derechos Humanos

28 junio 2017

María de los Ángeles Fuentes Vera, del Comité de Derechos Humanos Ajusco se pronunció porque todas las personas -tanto las mayores de 60 años, como aquellas que en algún momento lo serán- conozcan los derechos establecidos en la Convención, así como las obligaciones de las instituciones para procurarlas y protegerlas.

Antes de levantar la voz y repetir el lema de la Campaña: “Soy Persona Mayor y exijo la mayor protección a mis derechos humanos”, Fuentes Vera se pronunció por erradicar la invisibilización social, económica y política que fortalece la discriminación y las violencias de que son objeto; los estereotipos y prejuicios por razón de edad, pero también por sexo, género, raza o grupo étnico, religión, condición de discapacidad, nivel socioeconómico, estado de salud y de funcionalidad, y de todas aquellas situaciones que restringen el ejercicio y disfrute de todos sus derechos humanos.

 

Paraguay 26 de junio de 2017- Ángeles Fuentes Vera -Comité DH Ajusco-: “El cotidiano y la discriminación a las personas mayores”.

26 junio 2017

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“El cotidiano y la discriminación a las personas mayores”. María de los Ángeles Fuentes Vera.

Reunión regional de la sociedad civil, Madrid +15. “Los derechos humanos de las personas mayores. Aquí y ahora” Ypacarai. Paraguay; 26 de junio de 2017

Los países latinoamericanos compartimos múltiples y ricos aspectos de la vida, nos identificamos a través de nuestras prácticas cotidianas, reconocemos nuestras similitudes más allá del lenguaje y el color de piel.  Nos acuerpamos en un constructo de ritmos, olores y sabores que permean a profundidad en las representaciones socioculturales.

Somos parte de un modelo armable del que cada uno es pieza fundamental, la historia en común nos ha hecho compartir códigos morales y éticos, maneras de relacionarnos y de  discriminar.  El discurso fundador dicta que, deberíamos comenzar a obviar las particularidades de cada persona, para pensar en no discriminar. La discriminación es un hecho que lamentablemente, tiene profundas raíces en nuestros países y culturas latinoamericanas.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación de mi país, dice que “Sabemos identificar la discriminación cotidiana en todas las actitudes de desprecio, rechazo e intolerancia hacia una persona o grupo de personas; fundada sobre la base de los prejuicios negativos y los estigmas relacionados con una desventaja inmerecida.  Estas conductas de manera intencional o no, limitan los derechos y las libertades fundamentales de las personas a quienes se está discriminando y disminuyen sus oportunidades de desarrollo”.

En México el 9 de junio del 2003, se promulgó la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, y a la letra dice: “Se entenderá por discriminación toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de desarrollo de las personas”.

La ciudad de México también cuenta con herramientas para disminuir las prácticas discriminatorias, como la Ley para prevenir y eliminar la Discriminación del Distrito Federal, publicada el 24 de febrero de 2011 y que en su Artículo 5[i], determina la prohibición de cualquier tipo de discriminación, enunciando entre sus múltiples dimensiones, la edad.

Lamentablemente pareciera que a pesar de todos estos mecanismos y esfuerzos, las prácticas discriminatorias forman parte del cotidiano de las personas mayores, quienes desde nuestras multiculturalidades somos objeto de todas sus prácticas.  En varios espacios, hemos charlado sobre la falsa premisa que valora a la juventud como un sinónimo de productividad, y que la interpretación negativa de la vejez ocasiona maltrato, abuso, despojo, violencias y abandono, y de cómo al cruzarla con otras formas de discriminación como el género, la etnia y la desigualdad, se potencializa un grave problema de exclusión social[ii].

Si entendemos que existen instrumentos internacionales vinculantes para que los derechos humanos sean respetados, y que en particular existe una Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las personas mayores, y que en su capítulo IV, correspondiente a los derechos protegidos, Artículo 5, sobre Igualdad y no discriminación por razones de edad dice:

“Queda prohibida por la presente Convención la discriminación por razones de edad en la vejez

Los Estados Parte desarrollarán enfoques específicos en sus políticas, planes y legislaciones sobre el envejecimiento y vejez, en relación con la persona mayor en condición de vulnerabilidad y aquellas que son víctimas de discriminación múltiple, incluidas las mujeres, las personas con discapacidad, las personas de diversas orientaciones sexuales e identidades de género, las personas migrantes, las personas en situación de pobreza o marginación social, los afrodescendientes y las personas pertenecientes a pueblos indígenas, las personas sin hogar, las personas privadas de libertad, las personas pertenecientes a pueblos tradicionales, las personas pertenecientes a grupos étnicos, raciales, nacionales, linguisticos, religiosos y rurales entre otros”.

¿A qué podemos atribuir que en los diversos espacios del constructo social,  incluyendo a la sociedad civil no se tome en cuenta la variable “edad” como un elemento clave para comprender las necesidades reales en la propuesta, implementación y análisis de políticas públicas?  Creemos “mientras los estereotipos e imágenes negativas que hay sobre la vejez, que no hacen sino obstaculizar las posibilidades de visibilidad, valoración positiva y reconocimiento personal y social de esta etapa de la vida a la que se teme llegar, no se entenderá la vida mayor como un proceso natural y por tanto no se fomentará una cultura de aceptación y prevención.  “Visibilizar y revalorar la vejez que ocurrirá –u ocurre ya- es indispensable para generar una cultura de reconocimiento, ejercicio y garantía de nuestros derechos como personas mayores[iii]”.

Es grave reconocer que para los espacios de toma de decisión, que van desde la mesa del comedor hasta el Senado de la República, las personas mayores somos invisibles.  Las políticas sociales no están comprendidas como una acción de prevención y una medida para garantizar el desarrollo de las economías locales y nacionales, las personas mayores somos vistas como un gasto extra, como personas improductivas y de bajo valor.

Hablábamos pues de las historias compartidas, y tristemente las realidades en nuestros países dan cuenta de que las condiciones de desigualdad, violencia sistémica y estructural abonan a la práctica cotidiana y cultural que discrimina a las personas todas, pero sobre todo al momento de envejecer. Los actos de discriminación son el fundamento del retroceso, la historia nos ha enseñado a diferenciar colores, idiomas y edades. Somos discriminados al momento de nacer pues no estamos dotados de capacidad cognoscente, cuando pequeñas no distinguimos la verdad de la mentira, de jóvenes somos incapaces de aceptar responsabilidades y al envejecer, simplemente desaparecemos.

Invariablemente para el Estado, en sus distintas manifestaciones, no existirá oportunidad de cambio mientras no se reconozca el aporte que las personas mayores damos a las sociedades, si no se refuerza un estado de derecho que garantice un envejecimiento digno para todas las personas, ¿donde se encontrará el futuro de las naciones?

Gracias.

[i]Queda prohibida cualquier forma de discriminación, entendiéndose por ésta la negación, exclusión, distinción, menoscabo, impedimento o restricción de alguno o algunos de los derechos humanos de las personas, grupos y/o comunidades, estén o no en situación de discriminación imputables a personas físicas o morales o entes públicos con intención o sin ella, dolosa o culpable, por acción u omisión, por razón de su origen étnico, nacional, raza, lengua, sexo, género, identidad indígena, identidad de género, expresión de rol de género, edad, discapacidad, condición jurídica, social o económica, apariencia física, condiciones de salud, características genéticas, embarazo, religión, opiniones políticas, académicas o filosóficas, identidad o filiación política, orientación sexual o preferencia sexual, estado civil, por su forma de pensar, vestir, actuar, gesticular, por tener tatuajes o perforaciones corporales, por consumir sustancias psicoactivas o cualquier otra que tenga por efecto anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, de los derechos y libertades fundamentales, así como la igualdad de las personas frente al ejercicio de derechos.  También será considerada como discriminación la bifobia, homofobia, lesbofobia, transfobia, misoginia, xenofobia, la segregación racial y otras formas conexas de intolerancia, el antisemitismo en cualquiera de sus manifestaciones”.

[ii] María de los Ángeles Fuentes Vera. Animal Político

[iii] María de los ängeles Fuentes Vera. Op. Cit.

CDHDF: Urge que el Estado mexicano firme su adhesión a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas mayores.

26 junio 2017

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Boletín 93/2017

26 de junio de 2017

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que conforman el Comité Intersectorial “México por la Convención de los Derechos de las Personas Mayores”, presentaron la Campaña Soy Persona Mayor y exijo la mayor protección a mis derechos humanos; por la firma de México de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.

En el marco del Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez y del segundo aniversario de la aprobación por la Organización de Estados Americanos (OEA) de la Convención, se realizó un recuento de las acciones conjuntas llevadas a cabo desde 2011 para incidir en el reconocimiento y promoción de los Derechos de las Personas Mayores en la Ciudad de México, y exhortar al Estado mexicano a firmar su adhesión a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.

A través de la Campaña, se difundirá el contenido de la Convención, aprobada por la Asamblea General de la OEA -de la que México forma parte- el 15 de junio de 2015, y que entró en vigor el 11 de enero de 2017.

En la presentación de la Campaña, María de los Ángeles Fuentes Vera, del Comité por los Derechos Humanos Ajusco, A.C., se pronunció porque todas las personas -tanto las mayores de 60 años, como aquellas que en algún momento lo serán- conozcan los derechos establecidos en la Convención, así como las obligaciones de las instituciones para procurarlas y protegerlas.

Antes de levantar la voz y repetir el lema de la Campaña: “Soy Persona Mayor y exijo la mayor protección a mis derechos humanos”, Fuentes Vera se pronunció por erradicar la invisibilización social, económica y política que fortalece la discriminación y las violencias de que son objeto; los estereotipos y prejuicios por razón de edad, pero también por sexo, género, raza o grupo étnico, religión, condición de discapacidad, nivel socioeconómico, estado de salud y de funcionalidad, y de todas aquellas situaciones que restringen el ejercicio y disfrute de todos sus derechos humanos.

En tanto, Patricia Rebolledo, de la Alianza de Organizaciones para Adultos Mayores, A.C., explicó que, entre los derechos reconocidos en la Convención, están el de la igualdad y no discriminación por razones de edad; a la vida y a la dignidad en la vejez; a la independencia y a la autonomía; participación e integración comunitaria; a la seguridad y a una vida sin ningún tipo de violencia.

Además, mencionó, el derecho a no ser sometido a tortura ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes; a brindar consentimiento libre e informado en el ámbito de la salud; a recibir servicios de cuidado a largo plazo, a la libertad personal; a la libertad de expresión y de opinión y al acceso a la información; a una nacionalidad y a la libertad de circulación; a la privacidad y a la intimidad; a la seguridad social; a los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA); a la recreación, al esparcimiento, al deporte; a la propiedad; a la accesibilidad y a la movilidad personal; a todos los derechos políticos; a la atención especializada en situaciones de riesgo y emergencias humanitarias; al reconocimiento igualitario como persona ante la ley; al acceso a la justicia; a la reunión y la asociación.

Por su parte, Jovita Osornio Hernández, de la Fundación Tagle I.A.P.; dio lectura al “Pronunciamiento por la firma de México a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores”, en la que se advierte que, aunque el promedio nacional de edad es de 27 años, en la Ciudad de México es de 33 años; además de que ya en 2010, por cada 100 personas se contaban 52 mayores de 60 años, porcentaje que se ha incrementado en los últimos años.

Se señala en el documento que en la Ciudad de México, “la explotación, violencia social, económica e institucional no se reconocen y se denuncian poco, debido al temor a represalias o a que sus familiares sean sancionados”; además de que hay muchas personas mayores de 80 años que continúan trabajando para mantener a sus familias, mismo destino que tienen sus pensiones o sus jubilaciones, debido al incremento de la pobreza en general y a la explotación económica que sufren.

En representación de la Presidenta de la CDHDF, Doctora Perla Gómez Gallardo, la Encargada del Despacho de la Coordinación de Vinculación con la Sociedad Civil y Políticas Públicas, Clara Isabel González Barba, reconoció el trabajo realizado por el  Comité Intersectorial “México por la Convención de los Derechos de las Personas Mayores”, conformado por la Alianza de Organizaciones de Adultos Mayores (REDAM), Un Granito de Arena, Fundación de Mano Amiga a Mano Anciana, Fundación Héctor Vélez y de la Rosa, Fundación para el Bienestar del Adulto Mayor, Fundación Tagle, 16 Redes de Promotores de Derechos Humanos del Distrito Federal, Canas Dignas, el Comité de Derechos Humanos Ajusco, y el Centro de Estudios de Trabajo Social en Gerontología de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM; cuyos trabajos son acompañados por el Instituto de Atención al Adulto Mayor, y la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, reiterando el compromiso de este Organismo Público con la defensa y promoción de los derechos humanos  de las personas mayores.

La Directora de Agendas en Derechos Humanos de este Organismo, Rocío Quintana Rivera, dio a conocer el exhorto oficial que, de manera respetuosa, la Presidenta de la CDHDF hizo llegar al Senador Pablo Escudero Morales, en su calidad de Presidente de la Mesa Directiva de la Comisión Permanente de la LXIII Legislatura del Senado de la República, mediante el cual les insta como representantes del Pacto Federal  a impulsar el trabajo protocolario conducente para la adhesión a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.

Lo anterior, esperando que con la firma del instrumento, México adopte las medidas necesarias para garantizar a las personas mayores el pleno goce de sus derechos humanos con base en el trato  diferencial y preferencial, lo que sin duda resultará en la  debida valoración de las personas mayores y el establecimiento de una agenda pública que  respete, promueva y garantice sus derechos humanos.

El texto de la Convención, está disponible en la siguiente dirección electrónica: http://www.oas.org/es/sla/ddi/tratados_multilaterales_interamericanos_A-70_derechos_humanos_personas_mayores.asp.

Ángeles Fuentes -Comité DH Ajusco- participará en la Reunión Regional de sociedad civil sobre envejecimiento. Paraguay, junio de 2017.

23 junio 2017

Las organizaciones de la sociedad civil y los derechos de las personas mayores en México

22 junio 2017

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Participación de María de los Ángeles Fuentes Vera, Comité de Derechos Humanos Ajusco.

Miércoles 21 de junio 12:00 a 12:50 Auditorio 2 Unidad de Posgrado de la UNAM

Organizaciones civiles de derechos humanos.

Desde el Comité de Derechos Humanos Ajusco nos ha tocado presenciar y también participar en la historia de las organizaciones de derechos humanos en México. En sus orígenes a mediados de la década de los ochenta, el comité surgió como una opción de educación popular de derechos humanos, acompañado por los aportes que la Compañía de Jesús traía de sus procesos en Centroamérica.

Una razón para enfocar nuestras labores en la promoción y defensa de los derechos de las personas mayores, ha sido porque ha envejecido la población de nuestras colonias de los Pedregales de Coyoacán. Que los últimos 40 años veníamos impulsando la agenda de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, en particular el derecho humano al agua, pero que recientemente nos hemos enfrentado a una cotidiana realidad de violencia y despojo hacia personas mayores.

Descubrimos entonces que, a pesar de contar con una alta y creciente población de personas mayores con una problemática en suma compleja, existen en México pocas organizaciones civiles de personas mayores, comparado por ejemplo con organizaciones de la diversidad sexual.

Claro que existen clubes de convivencia, así como colectivos de carácter clientelar, organismos de beneficencia y otros espacios que trabajan con algún aspecto de la vejez, pero que no abordan desde de la óptica de los derechos humanos, mucho menos de las personas mayores, ni con perspectiva de género, solo por mencionar algunas.

Esto tiene que ver con la invisibilización y la violencia sistémica a la que nos enfrentamos. El manejo clientelar de la vejez nos ha hecho personas participativas exclusivamente en lo electoral, por ejemplo el Instituto Electoral del DF recientemente indicó que “las mujeres de entre 60 y 64 años son las más participativas en las urnas, con 61.3%, seguidas de las de 55-59 años, con 57.7%”, pero no necesariamente significa que las personas mayores tengamos incidencia en la política, ni en la toma de decisiones.

En agosto del año pasado publiqué en Animal Político sobre el importante número de personas mayores (17%) en la conformación de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, y mencioné que “…Tomadores de decisiones que, siendo personas mayores, no asumen esta condición como una identidad, y reproducen una ideología negativa y una práctica política que niega la posibilidad de hacer una reflexión crítica de los prejuicios sobre la vejez y de construir un marco normativo que valore positivamente este periodo de la vida como un espacio de conocimiento, disfrute, intercambio, de utilidad social, comunitario y personal. Particularmente para las mujeres, quienes constituyen la mayoría de las personas mayores en México. Por ello, el objetivo no es que lleguen las personas mayores a espacios de toma de decisión, sino que quienes de hecho están, representen efectivamente una condición que viven y comparten con miles de ciudadanos…”

Las personas mayores somos excluidas en las diferentes tomas de decisiones, desde el ambiente familiar hasta la de la política tradicional. Los estereotipos e imágenes negativas que hay sobre la vejez obstaculizan las posibilidades de visibilidad, valoración positiva y reconocimiento personal y social de esta etapa de la vida a la que se teme llegar. Visibilizar y revalorar la vejez que ocurrirá -u ocurre ya- es indispensable para generar una cultura de reconocimiento y ejercicio de nuestros derechos como personas mayores.

La interpretación negativa de la vejez en la que se valora la juventud como un sinónimo de productividad, genera maltrato, abuso, despojo, violencias y abandono y, cruzada con otras formas de discriminación como el género, la etnia y la desigualdad, potencializan un grave problema de exclusión social.

A pesar de la alta presencia de personas mayores en la vida política, liderazgos de la sociedad civil, mundo empresarial y otras esferas, es notoria la ausencia de propuestas con una perspectiva de derechos humanos para la vejez, como la reconocida en la “Convención Interamericana sobre la protección de los derechos de las personas mayores”. En la retórica política únicamente se menciona la continuidad de los programas de pensión alimenticia.

En un ejercicio de autocrítica -y con escasas excepciones que mencionaré posteriormente- es importante señalar que:

– La invisibilizacion de la vejez viene también de parte de las organizaciones,

– no sólo existen pocas organizaciones sobre derechos de personas mayores,

– el tema de vejez y envejecimiento tampoco resulta prioritario para la sociedad civil con un trabajo reconocido.

Hoy por la tarde presentaré la ponencia en este Segundo Congreso Internacional Interdisciplinario sobre Vejez y Envejecimiento de la UNAM, donde hago un señalamiento sobre la invisibilización de las personas mayores inclusive desde los aportes de las organizaciones de derechos humanos de nuestro país.

Resulta inconcebible que frente a un contexto, donde un buen número de mujeres defensoras de derechos humanos en México somos mayores de 60 años, y que éste elemento de análisis no sea considerado y ni mencionado en informes, elaborados por organismos internacionales  y nacionales. Mujeres defensoras y periodistas perseguidas y asesinadas son mujeres mayores, pero no adoptamos una mirada transversal de la vejez y de los derechos de las personas mayores en ningún posicionamiento.

Experiencias de redes de trabajo en materia de personas mayores.

La organización que tengo el honor de dirigir el Comité de Derechos Humanos Ajusco, ha sido y es un comité de trabajo de base. Comenzó siendo un colectivo conformado por un herrero, un albañil, estudiantes, amas de casa, comerciantes y sacerdotes jesuitas.

Con el tiempo nos hemos especializado en problemáticas concretas a las que nos enfrentamos cotidianamente. Concientes de que no se puede trabajar de manera aislada, nos hemos articulado en redes para impulsar propuestas en políticas públicas, así como para posicionar temas en la agenda nacional y para crecer en comunidad.

Desde inicios de los noventa hemos sido parte de importantes iniciativas, como la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos “Todos los derechos para todas y todos” Redtdt, el Espacio Social para el Diálogo Estratégico y la Coalición Ciudadana por la Prevención Social de las Violencias.

En recientes años, y concientes de la problemática del alto consumo de azúcar y refrescos y lo que representa en salud pública y en miles de muertes por enfermedades crónicas no hereditarias -otro tema donde pocas organizaciones de la sociedad civil están poniendo atención- participamos en la Plataforma Estratégica contra el Sobrepeso y la Obesidad (ContraPESO), donde hemos impulsado importantes iniciativas de ley y observatorios.

Pero, la problemática más apremiante que documentamos tanto en los Pedregales de Coyoacán como en todo el país, es la violencia sistémica y el despojo patrimonial contra las personas mayores.

Más allá de la organización de talleres, conferencias y campañas de difusión, el logro más importante en este rubro ha sido participar en un inusitado colectivo denominado el Comité Intersectorial “México por la Convención de los Derechos Humanos de las Personas Mayores”, somos un “espacio de encuentro plural y propositivo, que desde 2011 hemos trabajado de forma conjunta”.

Bien podría redactarse una tesis doctoral sobre el curso de este Comité intersectorial, que conjunta a:

  • fundaciones de asistencia privada (Alianza de Organizaciones de Adultos Mayores A.C. (REDAM), Fundación de Mano Amiga a Mano Anciana, I.A.P.,  Fundación Héctor Vélez y de la Rosa, I.A.P., Un Granito de Arena I.A.P., Fundación para el Bienestar del Adulto Mayor, I.A.P.,  Fundación Tagle, I.A.P.),
  • academia (Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la Universidad Nacional Autónoma de México),
  • instituciones gubernamentales (Instituto Nacional de Geriatría, Instituto Nacional de Personas Adultas Mayores, Instituto para la Atención de los Adultos Mayores en el Distrito Federal,  Junta de Asistencia Privada del Distrito Federal),
  • organismos autónomos (Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y la Comisión Nacional de Derechos Humanos),
  • así como organizaciones civiles encabezadas por personas mayores (16 Redes de Promotores de Derechos Humanos del Distrito Federal A.C., Canas Dignas;, y el Comité de Derechos Humanos Ajusco).

Este colectivo ha generado importantes diagnósticos de la situación de las personas mayores, ha organizado foros y seminarios, también ha redactado documentos que han servido para políticas públicas y también contenidos para la reciente Constitución de la Ciudad de México.

También se han desarrollado procesos en la misma ruta con la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Suprema Corte de Justicia y el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia. Vale la pena mencionar también la labor de institutos especializados como el Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez (SUIEV) de la UNAM.

A pesar de los grandes aportes que se han logrado, principalmente en la corresponsabilidad que se traduce en que instancias gubernamentales participen activamente en estas mesas de trabajo, siguen siendo esfuerzos poco articulados comparados con otras iniciativas. Nuevamente la vejez y el envejecimiento no son temas que llamen la atención de las amplias redes de sociedad civil organizada.

Hay que reconocer que como sociedad civil –salvo escasas excepciones- se desconocen los contenidos de la Convención Interamericana sobre la protección de los derechos humanos de las personas mayores, que México no ha firmado ni ratificado.

La Convención nos debe servir para mirar a largo plazo, porque desafortunadamente nos perdemos en la coyuntura y en la inmediatez. Deberíamos conocer y aplicar el sentido de la Convención, con la población en su conjunto, las organizaciones y los distintos espacios de decisión. De lo contrario, seguirá siendo un proceso de simulación y especulación.

Urgen nuevas organizaciones en todo el país, organizaciones de y para personas mayores, y también organizaciones con alto nivel de profesionalización en vejez y envejecimiento, con carácter intergeneracional, que desarrollen efectivos mecanismos de exigibilidad y protección para personas mayores, pero que también tengan compromiso y sensibilidad.

“Palabras Mayores” La invisibilización de las mujeres mayores en informes de derechos humanos.

22 junio 2017

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María de los Ángeles Fuentes Vera

Hoy día, en la Ciudad de México tenemos una Constitución.  Para este proceso fue necesario que diversas personalidades se reunieran a cavilar lo que en nuestra Ciudad debería ser garantizado y reconocido, los Derechos Humanos fueron el eje transversal en la construcción de un documento que agrupará y representará los intereses de la multiplicidad de personas que cohabitamos en esta, nuestra gloriosa Ciudad de México.

En el consejo redactor de la Constitución pudimos observar que “El 17% del Constituyente de la Ciudad de México estuvo conformado por personas mayores de los diferentes partidos políticos” y “a pesar de la alta presencia de personas mayores en la constituyente, y analizando las propuestas con una perspectiva de derechos humanos para la vejez, como la reconocida en la Convención Interamericana sobre la protección de los derechos de las personas mayores.  Únicamente se menciona la continuidad de los programas de la pensión alimenticia”.

Si entendemos que existen instrumentos internacionales vinculantes para que los derechos humanos sean respetados, y que en particular existe una Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las personas adultas mayores, y que en su capítulo III, correspondiente a los deberes generales de los estados parte, Artículo 4, inciso g.   Y que a la letra dice:

“Los Estados Parte se comprometen a salvaguardar los derechos humanos y libertades fundamentales de la persona mayor enunciados en la presente Convención, sin discriminación de ningún tipo y a tal fin…

  1. g) Promoverán la recopilación de información adecuada, incluídos datos estadísticos y de investigación que le permitan formular y aplicar políticas a fin de dar efecto a la presente convención”

El análisis que debe hacerse de la situación de los derechos de las personas mayores en el país va más allá de la mera estadística.  No basta con cuantificar la dispersión de recursos mediante tarjetas de programas sociales de corto alcance, no se debe de basar en la medición cuantitativa de las visitas al médico, decesos y enfermedades.  No.

Para tener un panorama amplio y clarificante, es fundamental tomar en cuenta las acciones de promoción y defensa que desde el mismo sector de población se realizan.  Somos las personas mayores quienes hemos contribuido indudablemente a que los derechos humanos puedan ser nombrados y exigidos en amplísimos espacios y diversos grupos.  Somos nosotras y nosotros quienes durante el camino andado hemos tomado las causas como propias y dimos forma al discurso que aboga por la igualdad, no discriminación, inclusión y respeto, siempre más allá de nuestras propias realidades.

Fortalecemos luchas, nos incluimos en los cotidianos de aquellas personas sin acceso a la educación, agua, servicios de salud.  Somos nosotras y nosotros quienes desde nuestras trincheras exigimos al Estado, a las autoridades, a quienes resulten responsables respuesta inmediata de la desaparición de nuestras hijas, nietos, vecinas.   Nosotras y nosotros quienes solicitamos a la academia generar espacios para la discusión, análisis y el diálogo intergeneracional.

Lamentablemente pareciera que para estos espacios y la población toda, somos cada día más invisibles, resultamos personalidades borrosas, desaparecemos a la par de la memoria de nuestros continentes.  Bien es conocido que aquellos pueblos que no tienen memoria están condenados a perecer.  Si partimos de este hecho, y nos reconocemos como personas que abogamos por la construcción de colectividades incluyentes e igualitarias. ¿A qué atribuimos que en los diversos espacios de análisis y en los informes generados desde lo institucional, local, federal, internacional, inclusive desde la sociedad civil no se tome en cuenta la variable “edad” como un elemento clave para comprender los procesos de lucha y defensa de derechos humanos?

Esta interrogante surge a partir de una detallada revisión  a múltiples informes del 2016, en los que a partir de cifras se cuantifican las violaciones, agresiones, muertes y desapariciones a personas defensoras de derechos humanos.  Informes en los que importantes hechos son plasmados, y que indudablemente resultan herramientas indispensables para la petición de cuentas, pero que al invisibilizar la participación de las mujeres mayores, contribuyen de manera casi involuntaria a la perpetuación de las condiciones de desigualdad que las mujeres enfrentan día con día.

Se trata pues de un llamado de atención para quienes han tomado como causa la representación de las diversas luchas.

Es fundamental que los informes, particularmente aquellos que se dictan desde la sociedad civil sean consideradas las mujeres mayores como personas defensoras y con esta acción contribuir a visibilizar a este sector etario quienes cada día somos más inexistentes para el Estado.

Retomando el tema que nos reúne, y que da nombre a esta ponencia, me permitiré enunciar los elementos de análisis sobre los cuales indagamos para dar fe de que en los informes revisados no existe una variable que integre a las mujeres mayores como una categoría.

(CUADRO 1, ANEXO)

Consideramos que al no nombrar los términos: viejo, vieja, vejez, persona mayor, persona adulta mayor, ni integrar una categoría cuantitativa de edad para la identificación de agravantes y violaciones a derechos humanos, no se concede la justa valía a la participación política de las mujeres mayores en los diversos espacios de lucha. Si hemos delimitado la búsqueda a estos informes, es por su peso y dimensión política.  Pero estamos conscientes de que esta invisibilización se encuentra en la totalidad del espectro social.

Como puede observarse, en las distintas latitudes el accionar es el mismo. No existe espacio para la persona mayor y mucho menos para las mujeres mayores, no se identifica la capacidad de lucha, de acuerpamiento y de fuerza que damos a los espacios de exigibilidad.

Si bien el Estado se ha encargado de convertir a las personas mayores en cuotas partidistas, en carne de cañón, incansables asistentes de mítines y marchas; ¿ porque desde la Sociedad Civil se actúa con la misma displicencia?  Por qué la variable de género se ve mermada por la cuestión etarea.  Si nosotras hemos luchado por generaciones y de manera conjunta con personas jóvenes, por qué estas mujeres jóvenes se encuentran dentro del discurso que elimina e invisibiliza por razones de edad?

“La interpretación negativa de la vejez en la que se valora la juventud como un sinónimo de productividad, genera maltrato, abuso, despojo, violencias y abandono, y cruzada con otras formas de discriminación como el género, la etnia y la desigualdad, potencializan un grave problema de exclusión social”.  “Los estereotipos e imágenes negativas que hay sobre la vejez obstaculizan las posibilidades de visibilidad, valoración positiva y reconocimiento personal y social de esta etapa de la vida a la que se teme llegar.  Visibilizar y revalorar la vejez que ocurrirá –u ocurre ya- es indispensable para generar una cultura de reconocimiento y ejercicio de nuestros derechos como personas mayores”.

¿Qué nos toca hacer? ¿Cómo podemos avanzar del discurso a la práctica? Lo sabemos desde tiempo atrás, la inclusión es la respuesta.

Nosotras desde la experiencia y la edad, consideramos como una tarea fundamental revalorizar el peso que las mujeres tenemos en la promoción de la acción colectiva, el papel que las mujeres mayores juegan como movilizadoras es indispensable para la consolidación de espacios de lucha.  Es decir habrá que ver a las mujeres mayores como agentes de cambio quienes promueven desde su praxis un sentimiento de colectividad, generando redes que sin duda juegan un papel fundamental para involucrar a más personas en búsqueda de un fin común.

Fortalecer un movimiento requiere de una labor desde el conocimiento de la acción, necesita configurarse como un sistema de relaciones, en donde se entienda a la identidad no como algo transparente y armonioso, sino como la capacidad de reconocer las diferencias y de sopesar las tensiones que de estas diferencias fluyen.

Gracias

ANEXO.

El cuadro mencionado en el siguiente enlace

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Imágenes de la ponencia de Ángeles Fuentes -del Comité DH Ajusco- “Palabras mayores. Invisibilización de las mujeres mayores en informes de derechos humanos”, en el Segundo Congreso Internacional Interdisciplinario sobre Vejez y Envejecimiento 2-CIIVE

21 junio 2017

Imágenes de la participación de Ángeles Fuentes -del Comité DH Ajusco- en la Mesa Redonda con el tema “Las organizaciones de la sociedad civil y los derechos de las personas mayores en México”, en el Segundo Congreso Internacional Interdisciplinario sobre Vejez y Envejecimiento 2-CIIVE

21 junio 2017

Ángeles Fuentes -Comité DH Ajusco- participará en la Reunión Regional de sociedad civil sobre envejecimiento. Paraguay, junio de 2017.

21 junio 2017

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El enfoque psicosocial en América Latina: retos y perspectivas.

21 junio 2017

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