Paraguay 26 de junio de 2017- Ángeles Fuentes Vera -Comité DH Ajusco-: “El cotidiano y la discriminación a las personas mayores”.

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“El cotidiano y la discriminación a las personas mayores”. María de los Ángeles Fuentes Vera.

Reunión regional de la sociedad civil, Madrid +15. “Los derechos humanos de las personas mayores. Aquí y ahora” Ypacarai. Paraguay; 26 de junio de 2017

Los países latinoamericanos compartimos múltiples y ricos aspectos de la vida, nos identificamos a través de nuestras prácticas cotidianas, reconocemos nuestras similitudes más allá del lenguaje y el color de piel.  Nos acuerpamos en un constructo de ritmos, olores y sabores que permean a profundidad en las representaciones socioculturales.

Somos parte de un modelo armable del que cada uno es pieza fundamental, la historia en común nos ha hecho compartir códigos morales y éticos, maneras de relacionarnos y de  discriminar.  El discurso fundador dicta que, deberíamos comenzar a obviar las particularidades de cada persona, para pensar en no discriminar. La discriminación es un hecho que lamentablemente, tiene profundas raíces en nuestros países y culturas latinoamericanas.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación de mi país, dice que “Sabemos identificar la discriminación cotidiana en todas las actitudes de desprecio, rechazo e intolerancia hacia una persona o grupo de personas; fundada sobre la base de los prejuicios negativos y los estigmas relacionados con una desventaja inmerecida.  Estas conductas de manera intencional o no, limitan los derechos y las libertades fundamentales de las personas a quienes se está discriminando y disminuyen sus oportunidades de desarrollo”.

En México el 9 de junio del 2003, se promulgó la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, y a la letra dice: “Se entenderá por discriminación toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de desarrollo de las personas”.

La ciudad de México también cuenta con herramientas para disminuir las prácticas discriminatorias, como la Ley para prevenir y eliminar la Discriminación del Distrito Federal, publicada el 24 de febrero de 2011 y que en su Artículo 5[i], determina la prohibición de cualquier tipo de discriminación, enunciando entre sus múltiples dimensiones, la edad.

Lamentablemente pareciera que a pesar de todos estos mecanismos y esfuerzos, las prácticas discriminatorias forman parte del cotidiano de las personas mayores, quienes desde nuestras multiculturalidades somos objeto de todas sus prácticas.  En varios espacios, hemos charlado sobre la falsa premisa que valora a la juventud como un sinónimo de productividad, y que la interpretación negativa de la vejez ocasiona maltrato, abuso, despojo, violencias y abandono, y de cómo al cruzarla con otras formas de discriminación como el género, la etnia y la desigualdad, se potencializa un grave problema de exclusión social[ii].

Si entendemos que existen instrumentos internacionales vinculantes para que los derechos humanos sean respetados, y que en particular existe una Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las personas mayores, y que en su capítulo IV, correspondiente a los derechos protegidos, Artículo 5, sobre Igualdad y no discriminación por razones de edad dice:

“Queda prohibida por la presente Convención la discriminación por razones de edad en la vejez

Los Estados Parte desarrollarán enfoques específicos en sus políticas, planes y legislaciones sobre el envejecimiento y vejez, en relación con la persona mayor en condición de vulnerabilidad y aquellas que son víctimas de discriminación múltiple, incluidas las mujeres, las personas con discapacidad, las personas de diversas orientaciones sexuales e identidades de género, las personas migrantes, las personas en situación de pobreza o marginación social, los afrodescendientes y las personas pertenecientes a pueblos indígenas, las personas sin hogar, las personas privadas de libertad, las personas pertenecientes a pueblos tradicionales, las personas pertenecientes a grupos étnicos, raciales, nacionales, linguisticos, religiosos y rurales entre otros”.

¿A qué podemos atribuir que en los diversos espacios del constructo social,  incluyendo a la sociedad civil no se tome en cuenta la variable “edad” como un elemento clave para comprender las necesidades reales en la propuesta, implementación y análisis de políticas públicas?  Creemos “mientras los estereotipos e imágenes negativas que hay sobre la vejez, que no hacen sino obstaculizar las posibilidades de visibilidad, valoración positiva y reconocimiento personal y social de esta etapa de la vida a la que se teme llegar, no se entenderá la vida mayor como un proceso natural y por tanto no se fomentará una cultura de aceptación y prevención.  “Visibilizar y revalorar la vejez que ocurrirá –u ocurre ya- es indispensable para generar una cultura de reconocimiento, ejercicio y garantía de nuestros derechos como personas mayores[iii]”.

Es grave reconocer que para los espacios de toma de decisión, que van desde la mesa del comedor hasta el Senado de la República, las personas mayores somos invisibles.  Las políticas sociales no están comprendidas como una acción de prevención y una medida para garantizar el desarrollo de las economías locales y nacionales, las personas mayores somos vistas como un gasto extra, como personas improductivas y de bajo valor.

Hablábamos pues de las historias compartidas, y tristemente las realidades en nuestros países dan cuenta de que las condiciones de desigualdad, violencia sistémica y estructural abonan a la práctica cotidiana y cultural que discrimina a las personas todas, pero sobre todo al momento de envejecer. Los actos de discriminación son el fundamento del retroceso, la historia nos ha enseñado a diferenciar colores, idiomas y edades. Somos discriminados al momento de nacer pues no estamos dotados de capacidad cognoscente, cuando pequeñas no distinguimos la verdad de la mentira, de jóvenes somos incapaces de aceptar responsabilidades y al envejecer, simplemente desaparecemos.

Invariablemente para el Estado, en sus distintas manifestaciones, no existirá oportunidad de cambio mientras no se reconozca el aporte que las personas mayores damos a las sociedades, si no se refuerza un estado de derecho que garantice un envejecimiento digno para todas las personas, ¿donde se encontrará el futuro de las naciones?

Gracias.

[i]Queda prohibida cualquier forma de discriminación, entendiéndose por ésta la negación, exclusión, distinción, menoscabo, impedimento o restricción de alguno o algunos de los derechos humanos de las personas, grupos y/o comunidades, estén o no en situación de discriminación imputables a personas físicas o morales o entes públicos con intención o sin ella, dolosa o culpable, por acción u omisión, por razón de su origen étnico, nacional, raza, lengua, sexo, género, identidad indígena, identidad de género, expresión de rol de género, edad, discapacidad, condición jurídica, social o económica, apariencia física, condiciones de salud, características genéticas, embarazo, religión, opiniones políticas, académicas o filosóficas, identidad o filiación política, orientación sexual o preferencia sexual, estado civil, por su forma de pensar, vestir, actuar, gesticular, por tener tatuajes o perforaciones corporales, por consumir sustancias psicoactivas o cualquier otra que tenga por efecto anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, de los derechos y libertades fundamentales, así como la igualdad de las personas frente al ejercicio de derechos.  También será considerada como discriminación la bifobia, homofobia, lesbofobia, transfobia, misoginia, xenofobia, la segregación racial y otras formas conexas de intolerancia, el antisemitismo en cualquiera de sus manifestaciones”.

[ii] María de los Ángeles Fuentes Vera. Animal Político

[iii] María de los ängeles Fuentes Vera. Op. Cit.

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