“¿Cerrar los ojos ante la realidad?” Ana Luisa Nerio

El inicio de la vida sexual a edades cada vez más tempranas es una tendencia mundial de la que México no está exento: la edad promedio de la primera relación sexual es de 15.5 añosI. Las adolescentes son el grupo más grande de mujeres en edad fértil y solamente 37.6% de ellas empleó un método de anticoncepción en su primera relación sexual y 45% usó uno en la última

 

En nuestro país entre los años 2000 y 2012 el porcentaje de las adolescentes activas sexualmente aumentó del 16% al 21%, y para el caso de los hombres este porcentaje aumentó del 18% al 26%IV. Esto obliga a generar acciones de política pública que respeten y garanticen el derecho a la salud sexual y reproductiva de las y los adolescentes, incluyendo la provisión de métodos de protección frente a enfermedades de transmisión sexual y anticoncepción. Asimismo, se requiere de una educación integral y libre de prejuicios.

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Embarazo en la adolescencia

Entre las adolescentes de 15 a 19 años, el número de nacimientos por cada mil mujeres es de 77V. Una de cada diez mujeres adolescentes ha tenido una hija o un hijo. Entre las causas que pueden ayudar a explicarlo están: falta de educación o baja escolaridad; nula o deficiente educación sexual; información sexual poco pertinente para la edad y grado de madurez; pobreza; violencia de género; prácticas culturales que incentivan las uniones o matrimonios de adolescentes; el machismo, que impide a las mujeres tomar decisiones informadas sobre su maternidad, y el poco o inexistente acceso a métodos de anticoncepción.

Un embarazo adolescente afecta el acceso y ejercicio de diversos derechos humanos: a la educación, puesto que las probabilidades de abandonar los estudios, dejarlos inconclusos o aplazarlos es mayor como consecuencia de una maternidad temprana (17.7% de las mujeres menores de 18 años y 30.7% de las menores de 15 años que se embarazaron dejaron de ir a la escuela después del embarazo)VI; al trabajo y a los derechos laborales porque genera vinculación temprana al mercado laboral y mayores probabilidades de ubicarse en trabajos mal remunerados, precarios, sin prestaciones sociales o en el sector informal; a la salud, debido a que los embarazos en adolescentes son considerados de alto riesgo tanto para la madre como para el producto (entre las adolescentes de 15 a 19 años, la razón de muerte materna se incrementó de 32.0 a 37.3 defunciones por cada 100 mil nacidos vivos, cifra superior a la registrada entre las mujeres de 20 a 24 años)VII; al desarrollo, pues somete a las y los adolescentes a vivir en ambientes de gran tensión emocional tanto a nivel individual como en el entorno familiar, y a replantearse su proyecto de vida como consecuencia de una maternidad o paternidad temprana y no planeada.

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El derecho a no ser discriminada es otro de los derechos violentados a raíz de un embarazo adolescente. Si bien tanto los varones como las mujeres adolescentes pueden ser víctimas de actos discriminatorios, son las adolescentes quienes por su condición de género son señaladas o estigmatizadas. Nuestra cultura patriarcal y machista suele ser muy cruel y violenta con las niñas y jóvenes que viven una maternidad temprana. Esta discriminación se profundiza si además se trata de una adolescente indígena cuyo contexto cultural suele estar enmarcado en la desigualdad y subordinación que viven frente a los varones de su comunidad. Vale la pena señalar que la tasa de fecundidad de las mujeres de 15 a 19 años de edad hablantes de una lengua indígena es de 96.7 por 1,000 mujeres; mientras que la de las no indígenas, de 68 por 1,000. Esto claramente indica que aún tenemos enormes pendientes en materia de derechos plenos para las personas indígenas.

El reto de mirar desde los derechos humanos

7-0Prevenir y eliminar los embarazos tempranos pasa necesariamente por el reconocimiento de las y los adolescentes como personas sujetas de derechos frente a sus padres o tutores, su comunidad y el Estado para hacer valer su perspectiva en torno a las decisiones y asuntos que le conciernen o afecten, tal y como lo establece la Convención de los Derechos del Niño. La adolescencia es un periodo en donde empieza configurarse la identidad de la persona; los cambios físicos y emocionales son muy rápidos, lo que obliga a madres, padres, tutores, la sociedad y el Estado en su conjunto a brindarles la orientación adecuada. Una política pública de prevención y eliminación del embarazo en adolescentes con un enfoque de derechos humanos debe atender las necesidades específicas por edad y sexo de la adolescencia mexicana y tomar en cuenta el contexto social, cultural y económico en los cuales se desarrollan.

Desigualdad de género

En la búsqueda de las cifras sobre el embarazo adolescente destacan los  datos sobre las mujeres, pues biológicamente son las únicas capaces de gestar. Pocos son los estudios que analizan el papel de los varones en esta problemática. Tenemos como país y como sociedad el enorme reto de analizar y tomar las acciones adecuadas para prevenir y eliminar el embarazo adolescente desde una perspectiva de género. Sólo entonces podremos reconocerlo como un asunto de desigualdad entre mujeres y hombres, y en muchos casos de violencia contra las mujeres.

Las mujeres siguen siendo las principales, y a veces únicas, responsables de la prevención (y de vivir con las consecuencias) de un embarazo temprano no deseado o no planeado. En el contexto de la cultura patriarcal, de visión tradicional y conservadora, tenemos el desafío de empoderar a las niñas y las adolescentes para exigir el respeto de sus derechos. Empoderarlas para decir “no”, y que sepan que su derecho a ejercer su sexualidad va de la mano con el derecho a utilizar métodos de protección y anticoncepción y de exigírselos a su pareja.

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La prevención y eliminación de la violencia de género es otro reto. Esta violencia es estructural y se refleja en los medios de comunicación y en las instituciones tradicionales (familia, iglesias, escuela, comunidad, los servicios de salud) que reproducen estereotipos y prejuicios sobre lo que significa ser una o un adolescente, sobre la sexualidad, la maternidad y las relaciones de pareja. La violencia se presenta en las calles y en los espacios públicos en donde las niñas y adolescentes no están exentas del acoso, el maltrato y la discriminación. La probabilidad de que la mayoría de los embarazos en niñas de 10 a 14 esté vinculada con abuso o violencia sexual debería ser motivo de acciones inmediatasVIII.

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Acabar con los mandatos de género en los que las mujeres son las principales o únicas responsables de las tareas del hogar y el cuidado de hijas, hijos, personas adultas mayores y enfermos, independientemente de si cuentan con un trabajo remunerado fuera de casa, contribuiría a que los varones adolescentes se cuestionen más sobre su proyecto de vida y sobre las responsabilidades que una paternidad temprana puede acarrear. Orientar a los adolescentes en un nuevo modelo de masculinidad en donde se asuman como corresponsables de la actividad sexual y de sus consecuencias es parte de los grandes desafíos para nuestro país. Lo mismo que educarlos en una cultura de igualdad, no discriminación y sin violencia hacia las mujeres.

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Conclusiones

Frente a la complejidad del problema, especialistas en la materia han señalado que la mejor solución ante los embarazos adolescentes es la prevención mediante estrategias integrales que garanticen los derechos de las y los adolescentes. Atender sus necesidades tomando en cuenta su edad, grado de madurez, contexto y siempre bajo el principio de su interés superior garantizará mejores resultados. Esa integralidad no puede entenderse si no se atienden las necesidades de las y los adolescentes desde un enfoque de derechos humanos y si no se actúa con base en la perspectiva de género, reconociendo las desigualdades y las violencias estructurales que existen.

Pensar que las adolescentes acudirán a servicios médicos para solicitar orientación o métodos anticonceptivos sin que medie un trabajo previo de empoderamiento y un cambio cultural a favor de la igualdad de género, en el que las y los adolescentes no sean cuestionados con base en prejuicios, es tarea prioritaria. Trabajar en estrategias que eviten que las adolescentes embarazadas sean discriminadas y excluidas de la escuela, maltratadas en los servicios de salud o estigmatizadas en sus entornos familiares y comunidades es indispensable para contribuir a que su proyecto de vida sea construido o retomado.

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Negar que las y los adolescentes inician su vida sexual de manera temprana es un error grave. Brindarles la información pertinente y adecuada a su edad y nivel de madurez es necesario, inclusive para evitar abusos sexuales que puedan derivar en embarazos en niñas. Será totalmente necesario trabajar con los varones adolescentes (y antes con sus familias y comunidad) en la construcción de un nuevo tipo de masculinidad en donde el respeto por las mujeres, la eliminación de la violencia y la corresponsabilidad en todas las acciones de la vida, les guíen.

El Gobierno Federal elaboró la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes, en la cual participan 13 dependencias y que en principio integra una visión amplia del tema. Persigue como metas: lograr que en el año 2030 se reduzca a la mitad la actual tasa de fecundidad entre las adolescentes mexicanas de 15 a 19 años de edad, y erradicar el embarazo en niñas menores de 15 años. La estrategia es muy reciente y habrá que estar pendientes de sus avances y resultados.

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NOTAS:

I. Encuesta Nacional de la Juventud 2010.

II. Consejo Nacional de Población (CONAPO), Proyecciones de 2010-2050.

III. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estadísticas a propósito de “Estadísticas a propósito del día internacional de la juventud (12 de agosto). 2015 enhttp://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2015/ juventud0.pdf

IV. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 (ENSANUT).

V. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estadísticas a propósito de “Estadísticas a propósito del día internacional de la juventud (12 de agosto). 2015 enhttp://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2015/ juventud0.pdf

VI. Echarri Cánovas, Carlos Javier, “Sobre Maternidad Precoz”, México Social, 01 de mayo de2014 en Web http://www. mexicosocial.org/index.php/secciones/especial/item/525- sobre-la-maternidad-precoz

VII. Secretaría de salud, Dirección General de información de salud, citada por Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo,http://www.conapo.gob.mx/es/CONAPO/ESTRATEGIA_NACIONAL_PARA_LA_PREVENCION_DEL_EMBARAZO_ EN_ADOLESCENTES

VIII. Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo,http://www.conapo.gob.mx/es/CONAPO/ESTRATEGIA_NACIONAL_PARA_LA_PREVENCION_DEL_EMBARAZO_EN_ ADOLESCENTES

Ana Luisa Nerio

Titular de la Unidad de Igualdad de Género de la CNDH. Es Maestra en Relaciones Internacionales por la UNAM. Ha colaborado en diversas organizaciones de la sociedad civil de defensa y promoción de los derechos humanos.

Blog sobre derechos humanos: enfoquedh.blogspot.com

Twitter: @aluisanerio

 

 

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